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Sargadelos, cuando la cerámica se vuelve icono

Pocas cerámicas existen con tanta identidad como la de Sargadelos, hasta el punto de haberse vuelto un icono perfectamente distinguible para el público. La marca se ha labrado una fama desde siglos atrás, cuando fue fundada su fábrica en Cervo, Lugo. Desde entonces, una estética singular, donde se ve perfectamente reflejada la tradición gallega, ha caracterizado el diseño de la marca, con piezas codiciadas que se han ganado una reputación indiscutible.

El comienzo

Sargadelos nace en el siglo XIX, bautizada por el Marqués de Sargadelos y fundada por Antonio Raimundo, un hombre sin apenas experiencia en la cerámica que vio un filón en el estilo de vajilla que por entonces se fabricaba en Inglaterra. Eran principios de siglo en un país en plena guerra de la Independencia, en la que Raimundo moriría asesinado. Su cuñado le sucedería en el cargo.

La búsqueda de un estilo

Los primeros años de Sargadelos estuvieron encaminados a la búsqueda de un estilo propio, que le hiciese diferenciarse y convertirse en un sello único. Eran tiempos difíciles, en los que la fábrica no terminaba de dar el salto que se esperaba y no se conseguía que las piezas se acercasen al tan ansiado estilo inglés que se quería replicar.

Años de dudas

Viendo que con el modelo inglés se producía pero no se alcanzaba la excelencia, las piezas de Sargadelos comenzaron a incorporar temas populares gallegos, sin olvidar la esencia con la que habían empezado su andadura, la influencia inglesa con algún matiz del diseño alemán. Sin embargo, la fábrica no tomaba el rumbo esperado y cerró durante tres años para volver con más fuerza, contratando a reputados ceramistas ingleses y trabajando para monarcas como Isabel II. Sargadelos comenzaba a tomar el peso necesario antes de la gran explosión.

Un estilo único

Con el siglo XX llega el estilo que hace a Sargadelos único e inconfundible. De la mano del ceramista Isaac Díaz Pardo, se inició un estudio de las formas tradicionales gallegas con el fin de modernizarlas y aplicarlas en la cerámica actual. Sargadelos cambió su fábrica a O Castro de Samoedo y allí se inició una producción que tenía como color básico el azul y se inspiraba en grandes artistas nacionales como Rosalía de Castro, Machado o Picasso. Sargadelos había encontrado el sello que le hace popular hoy.

Situación actual

Tras años turbulentos, en la actualidad Sargadelos ve la luz al final del túnel. Con beneficios moderados después de un largo concurso de acreedores, la fábrica cuenta con más de 200 trabajadores a su cargo y una red de tiendas que se extiende por el territorio español. Ha conseguido que sus piezas sean expuestas en museos tan prestigiosos como el MoMA de Nueva York y a día de hoy es un elemento indiscutible para conformar la identidad gallega.