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Magosto, una fiesta en honor a las castañas

En pleno otoño, las regiones del norte de España comienzan a oler a castaña asada y a carbón. Es la señal del inicio del Magosto, una tradicional fiesta con mucho arraigo en estas regiones que se celebra en torno al fruto más particular del otoño. Desde niños a mayores, el factor común es reunirse ante una buena bolsa de castañas, cocinadas de diferentes maneras, y disfrutar de una costumbre que ojalá nunca se pierda.

Magosto en familia

Hay muchas maneras de vivir el Magosto, y una de ellas es en familia. Con motivo de la fiesta, se reunían en torno a una hoguera para asar unas castañas y celebrar algo que para ellos era muy especial. Originariamente, el Magosto se empezó a realizar como una fiesta para celebrar la recogida del fruto y como agradecimiento a los dioses por la cosecha recibida. No se le puede poner una fecha exacta de comienzo, aunque hay constancia de que los seres humanos se llevan alimentando de castañas y bellotas desde el paleolítico.

También era especial entre los vecinos

El Magosto era una excusa que aprovechaban las asociaciones vecinales para organizar sus actividades y así reunir a sus gentes. Esta foto fue tomada en Navia de Suarna alrededor de la década de los 50, y aquí podemos ver a miembros de diferentes familias reconocidas en el pueblo celebrando su particular Magosto con una hoguera de fondo, donde seguro se estaban asando deliciosas castañas. El Magosto cobra todavía más fuerza en el interior de Galicia, donde tiene un arraigo especial.

El castañero

Si hay una figura típica de este tiempo (el Magosto se celebra entre los meses de octubre y noviembre) es la del castañero. Con su pequeño carro cargado de castañas y un fogón, se instalaba en las plazas más concurridas para que los vecinos comprasen sus castañas asadas. Una figura tradicional, que marcaba el pleno otoño y que todavía podemos ver en muchos lugares, aunque con menos fuerza que décadas atrás.

En el cole también se celebraba

Por supuesto, un sitio donde no podía faltar el Magosto era el colegio. La clase al completo se lanzaba a los montes más cercanos para recoger las castañas caídas en abundancia de los árboles, y que posteriormente se asarían para que los más pequeños también pudiesen disfrutar de la fiesta. Como veis, una tradición que se ha ido trasladando de pequeños a mayores; una fiesta a la que la gente quiere tanto que, siglos después, todavía pervive entre nosotros. Por muchos años más.