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Ha muerto Robert Frank, fotógrafo de la América más desconocida

A los 94 años, Robert Frank dijo adiós a una vida intensa, cargada de vivencias y recuerdos con un lugar común en todos ellos: la cámara. La única amiga inseparable de un hombre que se declaraba a si mismo  peregrino y forastero. Esa forma de ser hacía justicia a la obra del suizo, un alma libre que Leica en mano se propuso descubrir el país al que un día emigró. Al peregrino, el camino le regaló multitud de sorpresas, una carrera plagada de elogios y un libro que se convertiría en la insignia más brillante de una trayectoria cuasi centenaria.

Una expedición por América para cambiar la fotografía

Robert Frank nació en Zúrich en 1924. Europa no era un lugar próspero ni seguro para un judío durante la primera mitad del siglo XX, así que recién acabada la Segunda Guerra Mundial el joven Frank pondría rumbo a Estados Unidos con solo 23 años. Encontrando su casa en el continente americano, el ansia incesante del fotógrafo por descubrir lo que le rodeaba en su nuevo país fue motivo más que suficiente para empezar una larga expedición. Con solo 31 años, Frank empezó el viaje que daría como fruto The Americans, el libro que a través de 83 fotografías en blanco y negro mostró al mundo cómo era la verdadera América.

Tierra por encima al sueño americano y la crónica de un país con acuciantes desigualdades. The Americans fue un canto a la diversidad de Estados Unidos, preocupado de mostrar una única cara cuando en su interior había dilemas tan grandes como las diferencias raciales, la pobreza o la soledad de sus gentes. Lo poliédrico de la sociedad estadounidense terminó por fascinar a Frank, quien confesó que fue ese el viaje que realmente le hizo enamorarse de América.

Época en el cine

Tras publicar The Americans en 1958, Frank relegó a la fotografía a un plano secundario en su vida. La década de los 60 sería la del cine. Fruto de su relación con otros iconos de la generación beat, como Jack Kerouac o Allen Gingsberg, saldrían varias películas. La primera de todas ellas fue Pull my daisy -Arranca mi margarita en español- con guión de Kerouac. A ella le seguirían decenas de obras que no tuvieron el reconocimiento deseado. Frank asumió el fracaso de su etapa en la industria del cine y volvió a la fotografía.

Vuelta a la fotografía

En un perfil más bajo, Frank se reencontró con la fotografía. Dejó el país que tanto le había fascinado para mudarse al vecino. Canadá sería la última casa del fotógrafo, que dejaría su clásica Leica para interesarse por las Polaroids y seguir una línea más autobiográfica. Una evolución hacia la introspección del autor que, ávido de fotografiar todo aquello que veía, acabó su carrera expresando lo que sentía en cada toma.