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3 razones por las que la foto analógica sigue entre nosotros

A día de hoy, la fotografía digital ha conseguido unos avances que convierten a las cámaras de última generación en máquinas prácticamente perfectas, que consiguen fotos a la mejor resolución. La cámara digital se ha convertido en una compañera inseparable de viaje; pero todavía existen muchos románticos que se resisten al paso del tiempo. Hoy os damos tres razones por las que la cámara analógica todavía no ha desaparecido.

Cuestión de esencia

Si le preguntas a un aficionado a la fotografía digital, lo más probable es que te conteste que la foto analógica tiene algo, sin saber definirlo muy bien, que la digital no te puede aportar. Es cuestión de atmósfera, de esencia; cuando ves una foto analógica sabes perfectamente que lo es. Las marcas, las imperfecciones, el toque añejo... no se nota que en Phottic somos unos apasionados de la fotografía analógica, ¿verdad?

Un arte mucho más pausado

Esto también distingue a la fotografía analógica. Como bien sabéis, con una de estas cámaras, todas las fotografías que saquemos irán a parar a un carrete. Eso sí, una vez sacada la foto, ese trozo de carrete ya ha sido utilizado, y no se puede volver usar ni sobreponer nada. En resumidas cuentas, cada disparo con una cámara analógica cuesta dinero. Por eso hay que pensarse mucho más cuál va a ser la foto que queremos sacar, el plano, el entorno... Las fotos son mucho más pensadas, hechas con atención y cariño.

Y no solo eso, aquí no se entiende de tiempos de exposición ni de ISO, con una cámara analógica tienes que medir perfectamente la luz que tienes. Esa iluminación natural o artificial es todo con lo que cuentas. Es puro romanticismo.

Y no nos olvidamos del revelado

Aquí está la joya de la corona. Seguramente la gran razón por la que los acólitos de lo analógico siguen esta afición, bastante cercana a la devoción. Cuando las fotos digitales suelen pasar a formar parte de un archivo informático, metido en una carpeta de nuestro ordenador o simplemente a estar metidas en nuestra tarjeta de memoria; la única manera que tenemos para poder ver una foto hecha con cámara analógica es revelarla. Y es un proceso duro y bonito a partes iguales.

Lo bonito está en esa ansia, la espera desde que la foto se introduce en la sustancia química de revelado hasta que se ve la imagen por completo. Ahí es donde el fotógrafo hace el primer contacto visual con la foto que ha sacado, donde surge el chispazo entre creador y obra. Lo duro, en que es un proceso largo y tedioso, porque tenemos que manejar perfectamente las temperaturas a las que deben estar las fotos para tener un revelado correcto. Y eso no es nada fácil, si además le sumamos la gran cantidad de tiempo que tenemos que dedicarle, ya que estamos hablando de días.

¿Y tú? ¿Sigues siendo fan de la fotografía analógica? ¿Todavía eres de esos románticos que no se han plegado ante lo digital y siguen disfrutando del gusto que supone ser todo un artesano de la fotografía? Nos encantaría que nos lo hicieses saber y, si quieres compartir tu trabajo, tienes el archivo de Phottic a tu disposición. ¡Esperamos tu obra!