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El verano es azul

Metidos ya en pleno verano, toca recordar cómo se lo pasaban nuestros padres y abuelos durante el período estival. Como podéis ver, en lo esencial, las formas de divertirse poco han cambiado. El mar, el cielo... el verano es la estación azul.

Verano en la playa...

Buena parte de los veranos en Galicia tienen un paradero ineludible. La arena blanca y fina de las playas gallegas se hacía un botín demasiado suculento para no disfrutarlo. No eran pocas las parejas, las familias, los grupos de amigos... que buscaban hacerse con el mejor lugar del arenal. La foto que os mostramos fue tomada en la playa de Compostela, en Vilagarcía de Arousa. Allí, como veis, se juntaban las madres con sus niños a pasar una buena tarde de verano en un contexto totalmente envidiable.

...O en el río

Galicia está dividida en dos zonas completamente diferentes y, cuando el coche no estaba al acceso de todo el mundo, la manera de divertirse durante el verano era muy distinta entre barrios. En municipios como Navia de Suarna, en Lugo, la playa más cercana quedaba a unas cuantas horas en coche, por lo que no quedaba más opción que ir al río para poder pegarse un buen baño. Estos son cuatro amigos bañándose un día de verano en el río Navia, uno de los más importantes del norte de España.

De vuelta al pueblo

El verano también era tiempo para reencontrarse con los orígenes. Después de meses trabajando en ciudad, las familias buscaban su momento de relax en el pueblo en el que habían pasado toda la vida. Un ejemplo lo tenemos en esta aportación que un miembro de Phottic, Juan Antonio, nos ha cedido para ilustrarnos cómo pasaba sus veranos en el pueblo de sus padres: Sesma, en Navarra. Sin duda, eso era felicidad.

De fiesta en fiesta

Por supuesto, las fiestas no podían faltar en verano. Las familias, los amigos, se reunían en torno a un vino, una cerveza, un café... y empezaban a rememorar vivencias, a contar anécdotas y a pasar un rato agradable. Los veranos transcurrían de fiesta en fiesta, a ser posible al aire libre. Este es un ejemplo de la festa de Verdes, en Carballo, donde el único propósito de los vecinos era tener una excusa para juntarse, comer, beber y escuchar música.

Comidas improvisadas

Una romería también podía ser una excusa perfecta para comer. Allí se pasaban todo el día los vecinos, rodeados de sus familias e invitados. La comida no faltaba: cocido, churrasco, empanadas... Variedad para todos los gustos. Como de costumbre, buscar el mejor lugar, llevar el mantel, extenderlo y disfrutar. Los más veteranos lo dicen, las comidas improvisadas del verano eran las mejores.