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Cuando Galicia ardió

Como otras muchas veces, no nos gustaría hacer una entrada de blog dedicada a este hecho. Pero hay cosas que es necesario recordar para que no vuelvan a suceder. El 15 de octubre de 2017 los montes de Galicia ardían como nunca se había visto. En medio de la oscuridad, lo único que se divisaban eran amplias masas de fuego que nos hicieron temer lo peor. Aquella noche nunca sería una más.

Las causas

No es la primera y, posiblemente, no será la última vez que Galicia se convierte en pasto de las llamas. Pero, ¿por qué esta región es tan propensa a terminar desbordada por el fuego? Para empezar porque Galicia, tierra de abundantes y regulares lluvias, padecía una sequía poco habitual en octubre, acompañada de unos fuertes vientos que favorecían la expansión del fuego. Este es un contexto perfecto para que los incendios campen a sus anchas por estos montes, y quien los provoca es consciente de ello.

Víctimas mortales

En esta catástrofe, no solo tuvimos que lamentar daños ecológicos. También humanos. Cuatro personas perdieron la vida en estos incendios. Las primeras, Maximina y Angelina, dos octogenarias que huían despavoridas de las llamas que rodeaban su parroquia, en la localidad de Nigrán. Sobre la furgoneta en la que escapaban cayó un pino fruto del incendio, impidiendo que pudiesen salir de ella.

Otro de los fallecidos fue Marcelino, de Carballeda de Avia, en Ourense. En un intento por salvar a sus animales del fuego, las llamas rodearon la cuadra donde se encontraba y falleció dentro. La última víctima fue un vecino de Vigo que intentaba apagar el fuego de la casa de una vecina, momento en que cayó por un terraplén. Falleció en la ambulancia de camino al hospital.

Cantidades enormes de terreno

Fueron 264 los incendios que en esos días asolaron Galicia. Se llevaron por delante 49.200 hectáreas de terreno. Para que nos hagamos una idea, lo equivalente a cuatro ciudades del tamaño de Vigo juntas. Además de los cuatro fallecidos de los que ya hemos hablado, las llamas dejaron 2.500 vecinos desalojados, 32 viviendas afectadas, 10 vehículos destrozados. Gran parte en el rural, que perdió una buena cantidad de su arboleda.

Reacción de la gente

Como suele pasar en este tipo de sucesos. La catástrofe da lugar a una reacción de solidaridad y entrega por parte de los vecinos del lugar. Tras los incendios, miles de personas salieron a los montes en auxilio de las víctimas y empleando todas sus fuerzas en la extinción de los fuegos. Cadenas enormes de gente pasando cubos de agua de unos a otros, mangueras kilométricas extendidas por los montes, atención sanitaria... Otra reacción ejemplar ante la barbarie.

Culpables

Uno de los hechos más dolorosos. Ha pasado un año desde la ola de incendios y, de momento, el número de culpables encausados o condenados es cero. Hasta 31 han sido los sospechosos interrogados por la Policía, pero ninguno hasta el momento ha despertado unanimidad para ser declarado culpable. Sería, una vez más, una catástrofe que se queda sin responsables.