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"The Falling Man", el enigma del 11-S

¿Cómo se llegó a tomar la foto?

11 de septiembre de 2001. Cuatro ataques del grupo terrorista al-Qaeda atentan contra el corazón de Nueva York, haciendo perder la vida a cerca de 3.000 personas y causando más de 6.000 heridos. Richard Drew, fotoperiodista, estaba citado esa misma mañana a un desfile de moda. Pero el suceso torció sus planes, debía presentarse en las Torres Gemelas para sacar las mejores fotos de una tragedia que cambiaría la historia. Abrasadas por las llamas y el humo, ciento de personas saltaban de uno de los edificios más altos del mundo y en ese instante Drew tomó la foto.

¿Por qué ésta?

Entre todas las fotos de gente cayendo de las Torres Gemelas, esta fue la más icónica. ¿Pero por qué? El fotógrafo cree que destaca porque, a pesar de ser los últimos instantes de su vida, lo que debía ser un momento agónico y de máxima desesperación se convierte en una imagen de una persona tranquila y sosegada. El conseguir una toma de una persona con esa actitud en esa situación la convierte en una fotografía única.

¿Quién era The Falling Man?

Lo cierto es que la identidad de ese hombre continúa siendo un misterio a día de hoy. Los investigadores coincidían en que era un hombre de origen latino, con pantalón negro y camisa blanca. Una indumentaria común en los trabajadores de restaurante que se ubicaban en la planta superior de la torre. Llegó un momento en que las fuentes coincidieron en que se trataba de Norberto Hernández, un pastelero que trabajaba para uno de estos restaurantes. Sin embargo, la identificación del hombre despertaba división entre la familia. Otros indicios apuntan a otros empleados de la torre, pero no hay conformidad de opiniones.

El eterno debate

Tras la publicación de la foto en buena parte de los medios de comunicación, surgió un nuevo debate sobre la difusión de este tipo de imágenes. La gente la tachó de sensacionalista, pero tras una tragedia sin precedentes, quizá sea la foto más fiel a la realidad que el momento nos podría ofrecer. 17 años después el debate continúa en la calle, igual que el enigma de The Falling Man, que sigue sin resolución.