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¿Sabes por qué se celebran las procesiones de Semana Santa?

Ya está aquí, ya ha llegado la Semana Santa. Una celebración que se ha extendido a lo largo de los siglos y de la que tienes muchas muestras en el archivo de Phottic. Tiene como fin rememorar los últimos días que pasó Jesucristo en la Tierra y de ella nos fascina todo por su singularidad: la ropa, los cánticos, etc.
 
Pero si tuviésemos que destacar una peculiaridad sobre todas, un ritual que se celebra con cada llegada de estas fechas, son las procesiones. Marchas por las calles de las ciudades y pueblos con figuras religiosas cargadas al hombro y al compás de los instrumentos de percusión y viento. ¿Conoces el origen de esta práctica? En este post te lo explicamos.

No fueron creadas por religiosos

Esto es lo más llamativo. Los pioneros de las procesiones no eran personas adscritas a ninguna orden religiosa. Eran ciudadanos laicos los que comenzaron con las llamadas cofradías, agrupaciones encargadas de organizar las procesiones cada año. Lo hicieron en el siglo XV con dos objetivos principales: el de apoyarse mutuamente en los momentos de penuria que estaban pasando por entonces, por motivos como enfermedades o muertes a causa de las plagas que asolaron la Edad Media, y el de experimentar la penitencia que sufrió Cristo en sus últimos días.

Para vivir el dolor, en el sentido más literal

El ánimo de las procesiones en su origen era el de representar esos padecimientos que sufrió Cristo. De ahí que saliesen dos tipos de cófrades que proyectasen la imagen que dio Jesucristo en la Tierra: los de luz, los mismos que podemos ver hoy en día en cualquier profesión, y los de sangre. Estos últimos tenían la peculiaridad de portar un látigo y autoflagelarse con golpes en la espalda. Lo cruel de esta práctica hizo que a partir del siglo XVIII se abandonase su práctica por orden del rey de entonces, Carlos III. El monarca consideraba que más que una muestra sincera de “la piedad de Cristo”, azotarse con un látigo significaba “un auténtico exceso”.

Dimensión teatral

Es innegable que las procesiones de Semana Santa adquieren una dimensión teatral. Además de conmemorar la presencia del “Mesías”, existía un afán por parte de las cofradías de mostrar, de representar de la manera más fiel y llamativa posible estas escenas para despertar la admiración del público que se congregaba a contemplar la procesión. Esto enfrentó en cierto modo a los religiosos más puristas, menos partidarios de escenificar de manera tan notoria estos actos, y a los laicos, que consideraban que era necesario crear una liturgia más cercana al pueblo. De ahí surgieron los pasos procesionales, la banda sonora de estas marchas en la actualidad.

Un muestrario de arte

Y como no, las procesiones también son una muestra de las tallas de todo tipo que en ellas pasean. Numerosos artistas han dedicado toda su obra a la representación religiosa, que pretenden escenificar con el mayor realismo posible sentimientos como el sufrimiento, la devoción o la pena. Este movimiento artístico constituye la llamada imaginería. En la Contrarreforma, surgida como respuesta al movimiento reformista encabezado por Martín Lutero, la Iglesia Católica decidió potenciar el arte como un reclamo más para captar la atención de los fieles y escépticos, con el fin de que se adscribiesen al catolicismo.