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Las caras de la esclavitud

 El 2 de diciembre se celebra el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, y es por ello que en Phottic queremos homenajear a aquellos que simplemente por su raza y condición se vieron forzados a ser víctimas de todo tipo de atrocidades. La fecha es muy señalada, ya que este fue el día en el que, en 1949, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó el convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena.
Para recordar un horror y desear que no vuelva, lo mejor es ponerle caras y nombres, para vivir toda su crudeza. De ello trata el libro Envisioning Emancipation: Black Americans and the End of Slavery, de Deborah Willis y Barbara Krauthamer, que retrata a algunos de los esclavos estadounidenses.
 

Susie Taylor

Susie King Taylor fue la primera enfermera negra del ejército de Estados Unidos, como muchas otras enfermeras afroamericanas, Susie nunca fue retribuida por su trabajo, a pesar del enorme servicio que prestó a los soldados heridos en guerra. Tiempo después, ya en libertad, fue la única mujer de raza negra que publicó memorias de cómo vivió la guerra desde su punto de vista. Era una mujer muy preocupada por la educación, y por ello pionera en la creación de una escuela abierta para formar a esclavos recientemente liberados. Tras ser liberada, continuó teniendo trabajos apenas remunerados, como asistenta doméstica o dependienta de lavandería, para terminar falleciendo en 1912.

Booker T. Washington

Washington consiguió ser liberado joven de su condición de esclavo, nació con ella ya que su madre lo era en una plantación de Virginia. Tras desempeñar varios trabajos, se centró en su formación, que consideraba esencial para poder gozar de todas las condiciones de un hombre libre. Se formó en el instituto con la voluntad de inculcar su vocación a otras personas de raza negra, con el fin de que escalasen en su condición social-económica. Tuvo muy buenas relaciones con diferentes filántropos, como la familia Rockefeller, con cuya financiación consiguió abrir decenas de escuelas públicas en el país. Además, fue la primera persona negra invitada con honores a la Casa Blanca.

Urias McGill

McGill fue uno de esos tantos esclavos con viaje de ida y vuelta incierta entre Estados Unidos y África. Era miembro de una familia nativa de Norteamérica, pero gracias a un trato económico con un negrero liberiano, fue forzado con tan solo 8 años a trabajar en Liberia junto con sus padres y hermanos, aunque su madre falleció al poco de llegar al país africano. Tras años al servicio de todo tipo de abusos, consiguió su libertad y fundó junto con sus hermanos la empresa McGill Brothers, con el fin de prosperar después de años muy difíciles.

Familias hacinadas

El trato a las familias era absolutamente vejatorio. Solían ser unidades familiares con una gran cantidad de hijos a las que se le proporcionaba un pequeño cobertizo, minúsculo para una gran cantidad de gente. Esta foto es de una familia trabajadora de una plantación de Savannah, en el estado de Georgia, delante de la casa en la que vivían.

Trabajos indeseables

Los trabajos que realizaban eran absolutamente denigrantes. No solo se les encomendaba cuidar las plantaciones, también debían hacer trabajos tan desagradables como recoger cadáveres en descomposición, o incluso cuando ya eran solo huesos. Esta foto retrata a un esclavo recogiendo los huesos de antiguos soldados muertos en batalla, en Cold Habor, Virginia.

Si queréis saber más sobre la lucha por la libertad que tuvieron que acometer mucho de los esclavos afroamericanos, os recomendamos otros libros que os ayudarán a comprender más su situación. Además del ya mencionado Envisioning emancipation, otros como La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe, o Incidentes en la vida de una joven esclava, de Harriet Ann Jacobs, son historias de lectura cuasiobligada.