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El hundimiento del Prestige, cuando Galicia fue luto

 
Hoy en el blog de Phottic hablamos sobre un incidente que no queremos olvidar, pero que ojalá nunca tuviésemos que recordar. El 13 de noviembre de 2002 se consumó el hundimiento frente a la Costa da Morte, en Galicia, del barco petrolero Prestige. Un coloso de 243 metros de eslora que quebró en las costas gallegas con la friolera de 77.000 toneladas de fuel en su interior, tiñendo el mar de negro y causando un desastre medioambiental sin precedente en la zona.
 

¿Por qué se hundió el Prestige?

 
La causa nunca ha estado clara. Se manejan diferentes hipótesis sobre qué pudo causar la grieta en el barco que provocó su hundimiento. La que cobra más peso dice que el petrolero quebró por pura antigüedad, el Prestige era un barco viejo que simplemente desgastó su casco después de tanto tiempo surcando los mares. Todo ello después de una deficiente reparación en 2001, donde no se subsanaron plenamente los problemas que tenía.
 

¿Cuáles fueron sus consecuencias?

 
Una vez hundido el Prestige, más de 60.000 de las toneladas de fuel que llevaba consigo se esparcieron por la costa gallega. El mar, las rocas, la arena… adquirieron el color negro del chapapote, una sustancia proveniente de la destilación del petróleo. Más de 100.000 aves e infinidad de recursos marinos se vieron afectados tras la catástrofe. Además se prohibió la actividad pesquera en la zona, dando lugar a una pérdida económica calculada en 1.400 millones de euros, según las Cámaras de Comercio españolas.
 

¿Quién solucionó el problema?

 
La catástrofe del Prestige dejó ver, una vez más, lo mejor de la condición humana. Un reguero de gente se apostó en las costas gallegas, se enfundó un mono de plástico blanco y empezó a recoger chapapote como si no hubiese mañana. Más de 120.000 personas trabajando al unísono para vencer al horror, algo que finalmente consiguieron. Un trabajo arduo que generaba impotencia, pues la marea traía consigo más y más manchas de fuel, pero que finalizó con más de 100.000 toneladas de chapapote recogidas. Como a todos los héroes, se les bautizó, la Marea Blanca.Se creó además un grito, que se convertiría en el lema de las protestas contra el incidente, y que hoy continúa vigente para recordarnos lo que un día pasó: ‘Nunca Máis’.
 

¿Cómo es la situación actual?

 
Quince años después, la Costa da Morte ha ido recobrando la normalidad. Su costa luce limpia y la biodiversidad que caracteriza a esta zona se ha ido recuperando poco a poco. El foco del caso se trasladó del mar a los juzgados, donde tras una instrucción de nueve años, el juicio se resolvió sin culpables. Tan solo su capitán, Apostolos Mangouras, fue condenado a nueve meses de cárcel, una pena que no cumplió. Una catástrofe que ha arrasado vidas, naturaleza y economía por la que nadie de sus responsables ha pagado.